En el primer de los tres libros que publicará este año, Patrick Ericson ha escrito una ucronía del estilo de las novelas clásicas de intriga, en la que Adolf Hitler es apartado del poder por un envenenamiento que le hace perder la consciencia. Por eso sus allegados tendrán que descubrir quien ha sido el culpable, a la par que seguir adelante con la guerra en plena campaña del este, intentando adoptar acertadas decisiones y recuperar los proyectos de las armas más avanzadas.
¿Cómo se le ocurrió escribir una novela sobre las armas secretas del Nazismo?
La idea nació en la Feria del Libro en Madrid, tras una conversación que mantuve con mi agente literario. Éste acababa de publicar un ensayo sobre las armas secretas de Hitler, y me propuso escribir una ucronía sobre este tema. Luego yo desarrollé la historia sobre el concepto inicial. Para ello, debía apartar momentáneamente a Hitler del poder, debido a una extraña enfermedad, para que fuesen sus generales y ministros del partido quienes tomaran la decisión de frenar la invasión de la Unión Soviética y volcarse en la fabricación de nuevos aviones, submarinos y otras armas, algunas que llegaban a rozar la ciencia ficción. Lo cierto es que estoy realmente satisfecho con haber podido cambiar la historia, aunque fuese en una novela.
¿Podrían una serie de decisiones bien encadenadas haber cambiado el signo de la victoria en la Segunda Guerra Mundial?
Por supuesto. Hitler era un gran político, pero un nefasto estratega. Pensaba que nadie podía hacerle frente a Alemania, y ese fue su gran error. De haber escuchado algunas de las decisiones de sus generales, posiblemente en Stalingrado no hubiesen muerto más de un millón de soldados alemanes. En dicha batalla, que fue la tumba del III Reich, se perdieron además más de 1500 aviones, más de 1200 carros de combate y cerca de 10.000 cañones. Tal y como dijo el comandante en jefe de las fuerzas aliadas, el general Dwight D. Eisenhower: “Si los alemanes hubieran logrado perfeccionar y emplear antes sus nuevas armas, la invasión de Europa habría sido muy difícil, por no decir imposible”.
¿Tan confiado estaba Hitler en la victoria, como para dejar al margen el desarrollo de nuevas armas?
Hitler tenía el convencimiento de que iba a ganar la guerra. De ahí que se olvidara de desarrollar los proyectos que sus científicos e ingenieros guardaban en sus carpetas. Él pensaba que debían centrar la producción bélica en un armamento de ataque, jamás de defensa; otro error. Si en vez de abrir dos frentes, contra la Unión Soviética e Inglaterra, así como en el norte de África, hubiera reprimido su ansia de invasión y durante ese tiempo se hubiesen fabricado los nuevos aviones Me 262, Me 163 Komet, el Ho 229 Nurfluger, o los submarinos eléctricos del tipo XXI, XXII y XXIII, habrían conseguido aniquilar a la RAF y a la USAAF, y se habrían hecho dueños del Atlántico. Tampoco hemos de olvidar las armas de represalia V-1 y V-2, que de haber estado en disposición de utilizarse a finales del año 42 habría significado la aniquilación total de Inglaterra. Por cierto, Alemania llegó a fabricar una bomba atómica antes que los norteamericanos. La llamaban la “bomba disgregadora”. Jamás se utilizó, y todo porque Hitler tuvo miedo de que los ingleses utilizaran armas químicas contra los alemanes. Eso fue a finales del año 44, y hubo una prueba nuclear en la isla de Rügen. El periodista italiano Luigi Comersa, enviado por Mussolini, y varios miembros del NSDAP, fueron testigos de dicho ensayo. El hongo nuclear pudo verse desde la costa sur de Noruega y Finlandia.
¿Era Abert Speer el más cercano a Hitler de todos sus colaboradores?
Hitler contaba con otros colaboradores más cercanos, como podían ser Heinrich Himmel y Hermann Goering, pero Speer era el único que se atrevía a contradecir al Führer, e incluso a aconsejarle. Su actitud sincera, en vez de provocar la ira del dictador hizo que confiase más en él que en otros miembros del partido. La estrecha relación que existía entre Hitler y Speer, que llegó a ser Ministro de Armamento, tenía su origen en un sueño compartido por ambos: Germania. Hitler, que en realidad se sentía un pintor y un arquitecto frustrado, vio en Albert Speer todo aquello que él jamás pudo ser. Ambos pensaban que el poder de Alemania debía plasmarse en bellos y faraónicos monumentos dedicados al III Reich. Entre ellos estaba la Volkshalle, con una cúpula 26 veces mayor que la de la basílica de San Pedro en Roma, o un Arco de Triunfo 3 veces mayor que el de París. En verdad, Hitler admiraba el talento de su arquitecto favorito, y le apreciaba como si fuese un hermano. De Speer se ha dicho en diversas ocasiones que era el menos sumiso de los lacayos del Führer.
En todas sus obras hay un extenso trabajo de documentación ¿Le gustaría hacer una novela sin tanta investigación?
La documentación es indispensable para cualquier novela. Unas necesitan más información y otras no tanto. Tengo un par de ellas (Baile de dríadas y La memoria de Lucifer) que la documentación fue mínima. No me importa realizar un trabajo exhaustivo de investigación, pues a veces uno aprende a la misma vez que desarrolla una historia. Y eso siempre es de agradecer.
Sus novelas son muy cinematográficas ¿Le gustaría acercarse al mundo de celuloide?
Celebro que me hagas esa pregunta, pues tengo varias obras que están siendo estudiadas por distintas productoras, tanto nacionales como internacionales. De hecho, una de ellas está en el comité de lectura nº 2 de la Fox, otras tres han estado en la Berlinale en busca de un productor extranjero, una más está siendo estudiada por una directora de cine francesa, y otras están en productoras de Barcelona y Madrid. Nuestro sueño, el de mi agente literario y el mío, es ver una de mis obras en la gran pantalla o en televisión. Por supuesto, no perdemos la esperanza.
Este año va a publicar usted tres novelas ¿Es hiperactivo? ¿Nos puede hablar de las otras dos?
El hecho de haber publicado cuatro novelas en dos años, y otras dos que saldrán publicadas este mismo año, no quiere decir que las haya escrito en ese tiempo. De las seis obras, cuatro ya estaban escritas cuando me contrataron mi primera novela. Pero sí, en cierto modo suelo escribir varias horas al día, todos los días.
En cuanto a las otras dos novelas que verán la luz este 2010, una de ellas llevará por título “La memoria de Lucifer” (Hera Ediciones), y es una historia que camina entre el misterio y el terror. Transcurre en Toledo en la época actual, donde se funde la magia, la leyenda luciferina y una terrible catástrofe que se cierne sobre todo el universo. En cuanto a la novela que saldrá publicada en septiembre, “Anochece en Irak” (Editorial Guadalturia) es completamente distinta. Como ya se deduce del nombre, es una historia sobre la última guerra del Golfo, y tuve la suerte de contar con la ayuda de la periodista del Grupo Vocento, Mercedes Gallego, que vivió de cerca la toma de Bagdad. También he recibido información de un soldado español, cuyo nombre me reservo, que vivió en primera persona la batalla de An Najaf en Irak. Otra fuente de información fue el ex coronel Amadeo Martínez Inglés, antiguo Jefe del Estado Mayor del Ejército español, quien me ayudó con el tema militar y estratégico
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"Me satisface cambiar la historia aunque sea en una novela"




















